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Política del Papa Pío XII - 21.05.10

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El 1 de abril de 1939, derribada la república con la ayuda de los fascistas alemanes e italianos, Eugenio Pacelli —recién coronado Papa con el nombre de Pío XII— felicitaba así a Franco: «Elevando nuestro corazón a Dios, compartimos con Vuestra Excelencia la alegría por la victoria, tan anhelada por la Iglesia. Albergamos la esperanza de que su país, tras el restablecimiento de la paz, adopte con nuevas energías las viejas tradiciones cristianas». Franco contestó expresando la profunda gratitud que sentía el pueblo español y telegrafió al mismo tiempo a Hitler y a Mussolini. El Estado español se construyó ahora siguiendo el sistema corporativo recomendado por Pío XI en su Encíclica ‘Quadragesimo anno’. Se abolieron nuevamente las libertades de expresión, de prensa y de asociación. La literatura, el cine y la radio fueron sometidos a un estrecho control y todos los partidos políticos, excepto la Falange, fueron prohibidos. Todas las confesiones no católicas fueron reprimidas y se cerraron todas las escuelas e iglesias protestantes.

La degollina continuó, por lo demás, bajo la férula de Franco, cuyos «muy nobles sentimientos cristianos» fueron, apenas iniciado el golpe de estado, objeto de admiración por parte del secretario de estado Pacelli conocido después como el papa Pío XII. Los tribunales militares y los pelotones de ejecución actuaban sin tregua. Según estimaciones del conde Ciano en Sevilla, Barcelona y Madrid tenían lugar diariamente unas 80, 150 y más de 200 ejecuciones respectivamente. Las estadísticas oficiales indican que el Gobierno español de Franco asesinó, en el período de tiempo que abarca desde el final de la guerra civil hasta la primavera de 1942, a unas 200.000 personas, cumpliendo así el deseo de Pío XII de «adoptar de nuevo las viejas tradiciones cristianas». Esta cifra equivale a casi un tercio de todas las víctimas de la guerra civil. Pero Franco, «el soldado de Cristo» o «el instrumento de la Providencia» como él mismo gustaba llamarse; él, mano derecha del Papa y amigo de Hitler y Mussolini, estaba resuelto a todo desde el principio. Cuando poco después de su golpe de estado declaró a un corresponsal del News Chronicle que liberaría a España del marxismo a cualquier precio, el corresponsal le objetó: «Eso significa que tendrá que ejecutar a media España», a lo cual replicó el general: “¡Repito, a cualquier precio!”.

Y como se verá en el segundo no había tampoco ningún precio, por elevado que fuese, que pudiera disuadir al Papa Pacelli de acompañar a Hitler en su avance hacia la II guerra mundial (47). El texto que les hemos ofrecido corresponde al libro LA POLÍTICA DE LOS PAPAS EN EL SIGLO XX - Karlheinz Deschner.

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