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Carta a Tío Sócrates - 17.12.09

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Agosto de 1988

Tío Sócrates querido:

Después de casi 50 años estoy de nuevo en el país donde nací, me esperaban en el aeropuerto una prima segunda y una hija suya. Me siento muy extraño como si fuera extranjero en mi propio país, son muchos años de ausencia. Recuerdo a don Julián Marías, me decía que cuando ocurre esta situación uno debiera sentirse como forastero; creo que tenía razón; le conocí en una de sus conferencias, magníficas disertaciones con un dominio del idioma que la concurrencia aplaudía maravillada, acostumbraba a ofrecerlas en el auditorio de la Fundación Banco de Boston, en el Teatro Coliseo, y en LS84 TV Canal Once de Buenos Aires, donde trabajé varios años, incluso mantuvimos correspondencia.

 

Los primeros tiempos me ha costado acostumbrarme a la fonética; al principio entendía la mitad y tenía que preguntar de nuevo, fíjese usted en la ciudad donde nací y pasé mi niñez, en Madrid.

Estuve en la casa de mis primos algo más de un mes, mientras tomaba contacto con la realidad que me tocaba vivir, hice gestiones, trámites, uno de ellos fue sacar el Carné de Identidad, tenía el pasaporte del Consulado.

Tío Sócrates querido, tengo una anécdota, le cuento: Tuve que ir al Registro Civil para presentar en la Policía un Certificado de Nacimiento que se otorga por única vez en un formulario especial; completé un impreso y se lo presenté a la empleada del mostrador que indicaba el distrito donde yo había nacido, cuando lo leyó, miró a un tipo de más de 50 años, y tuvo la desfachatez de decirme: “¿Pero nunca tuvo Carné de Identidad?  --No, es la primera vez—  le contesté, y entonces la fulana me suelta: “¿pero en qué cueva ha estado metido?”. Durante unas fracciones de segundo me quedé sorprendido, pero reaccioné de inmediato, pegué un puñetazo fuerte en el mostrador y le dije  --¡A usted que carajo le importa!--  Medio que se asustó la individua en cuestión, me dio el resguardo y en menos de una semana me lo entregaron. En la Policía sin inconveniente, tuve que hacer algo de cola pero en ocho días tenía mi documento.

Mis primos me indicaron que también debía sacar el Libro de Familia, con lo cual fui de nuevo al Registro Civil, sin ningún problema lo gestioné y a los pocos días me lo entregaron.

Tío Sócrates querido, recordará que en la vivienda donde nací, vivía una tía, hermana de mi madre con uno de sus hijos, otro hijo, el mayor, vive en Alemania. A los pocos días de llegar la visité; salir del metro, acercarme a la calle donde nací y pasé mi niñez, y empezar a sentirme mal, fue todo uno, recordar el ruido de los aviones, los bombardeos, mi señora madre me acostaba vestido, cuando sonaban las sirenas me cogía en brazos bajaba ocho pisos por la escalera, en oportunidades sin luz en completa oscuridad, de madrugada, corría a un refugio que había allí cerca, se oían los gritos de la gente el lloro de las criaturas y abarrotado. Pegaba media vuelta y lo más deprisa posible llegaba al metro de ‘Quevedo’, allí también había personas pero menos que en el refugio. Algunas estaciones de metro las dejaban abiertas toda la noche por los bombardeos..., los bombardeos de los cristianos: nazis alemanes, italianos fascistas y nacional católicos españoles, "por amor al prójimo, y en el nombre y por la gloria de Cristo Rey"... (Este personaje: 'Cristo Rey', a lo mejor nunca se enteró de todo esto. ¿Estaría en otro... "ascensor"?)

Favor de saludar con cariño a tía Olympia. Tío Sócrates querido, un abrazo, hasta la próxima…

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